Hay patologías que avanzan lentamente y pueden confundirse con otras mucho más conocidas. Una persona comienza a caminar con dificultad, pierde estabilidad, presenta problemas cognitivos y, con el tiempo, puede tener dificultades para controlar los esfínteres. Por la edad del paciente y la aparición de síntomas mentales, muchas veces el diagnóstico apunta hacia una enfermedad neurodegenerativa.

Pero existe otra posibilidad que, según el neurocirujano colombiano Fernando Hakim, debe ser considerada: la hidrocefalia normotensiva, también conocida como síndrome de Hakim, una enfermedad descrita por su padre en 1964.

Hakim, director del Departamento de Neurocirugía de la Fundación Santa Fe de Bogotá, visitó Tucumán para participar del 50° Congreso Argentino de Neurocirugía. Segús describió, la hidrocefalia normotensiva se caracteriza por una combinación de síntomas que aparecen de manera progresiva. El primero y más característico es el trastorno de la marcha.

El paciente comienza a caminar como si tuviera los pies “pegados al piso”. Los pasos se vuelven cortos, cuesta iniciar el movimiento y también puede haber dificultades para girar o cambiar de dirección.

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Con el avance aparecen alteraciones cognitivas, desorientación, deterioro de la memoria y dificultades para controlar los esfínteres. Esta combinación puede hacer que el cuadro sea interpretado como una demencia. Sin embargo, Hakim señala una diferencia importante: el Alzheimer suele comenzar con problemas cognitivos, mientras que la hidrocefalia normotensiva generalmente comienza con alteraciones de la marcha.

La diferencia es fundamental porque, mientras el Alzheimer actualmente no tiene cura, la hidrocefalia normotensiva puede tratarse mediante una intervención. Hakim sostiene que alrededor del 38% de los pacientes diagnosticados con Alzheimer podrían tener en realidad esta enfermedad.

El tratamiento consiste en colocar una válvula o sistema de derivación que permite drenar el exceso de líquido y aliviar las alteraciones producidas por la hidrocefalia.

Para el especialista, el principal desafío es reconocer la enfermedad. “Una vez que la diagnosticas y la puedes tratar, las mejoras son impresionantes”, afirma.

La hidrocefalia normotensiva aparece principalmente en personas mayores y cobra mayor relevancia a medida que aumenta la expectativa de vida. Hakim estima que podría haber alrededor de 32 millones de personas con esta enfermedad en el mundo, aunque que es poco conocida.

Más allá de esta patología, el neurocirujano destaca algunos hábitos para preservar la salud neurológica durante el envejecimiento: alimentación saludable, actividad física, mantenimiento de la masa muscular y vida social.

Para Hakim, los vínculos también son fundamentales. “Vivir contento y tener amigos es importantísimo”, resume.

El especialista también destacó los avances tecnológicos que transformaron la neurocirugía. Los sistemas de navegación, las resonancias magnéticas, las técnicas de conectividad cerebral y los microscopios permiten conocer con mayor precisión la anatomía del paciente y planificar las intervenciones.

La tecnología también permitió detectar tumores más temprano, lo que puede mejorar el pronóstico de algunos pacientes, especialmente en tumores de bajo grado.

Otro avance es el estudio genético de los tumores. Conocer su perfil molecular permite comprender mejor su comportamiento y avanzar hacia tratamientos más personalizados.

Para Hakim, uno de los grandes desafíos de la neurocirugía es comprender por qué se forman los tumores cerebrales. La cirugía permite tratar muchas lesiones, pero algunos tumores agresivos, como el glioblastoma, pueden volver a aparecer.

Por eso, considera que el verdadero salto científico llegará cuando la medicina pueda avanzar sobre las causas moleculares de estas enfermedades: no solo extirpar el tumor, sino comprender por qué aparece, evitar que vuelva a crecer y atacar la enfermedad desde su origen.